Tarde con Marta.

La sonrisa de Marta y la mía nos acompañaron el resto de la tarde, convirtiéndola en algo más inocente y quitándole importancia al rato de placer compartido, quedando como un juego más, algo de lo que disfrutar sin pensar, con total naturalidad, un aliciente más en nuestra amistad. Nuestros dedos siguieron procurándonos caricias sobre brazos…