Paseo con Sandra.

Sandra cayó rendida la noche anterior por el ajetreo del avión, pero a la mañana siguiente estaba llena de energía, hablando a mil por hora, llegando a ser difícil seguirle la conversación, asintiendo al emocionante monólogo. Ni el café me ayudaba a seguirle el ritmo, pero me encantaba observarla, ver cómo gesticulaba y ponía caras…