Noche con Sandra.

el

Estaba nerviosa de llegar a casa, no sabía qué esperar y, aunque la noche pintaba caliente por los comentarios, juegos de palabras e indirectas por parte de Sandra, no quería forzar ninguna situación. Mi chico metió la llave en la cerradura con la mirada tensa, mientras nosotras dos, detrás de él, esperábamos impacientes, mirándonos de reojo, apretando los labios y conteniendo la excitación.

La llave se giró abriendo las puertas de nuestro refugio de libertad y al cruzar el umbral, el olor a nuestro hogar, a nosotros, me dio la confianza que necesitaba para acercarme a Sandra y sonreírle con malicia, provocándola, esperando a que respondiera con mis mismos movimientos. Mi chico nos miró cerrando la puerta lentamente, espectador mudo de la noche, sin sorprenderse cuando Sandra se acercó a mí para besarme. Su carmín sabía a fresa y su lengua caliente recorrió mi boca atrevida, sin miramientos. Me dejé llevar saboreando sus labios, sintiendo ese cosquilleo por mi cuerpo, esa excitación que poco a poco fue mojándome, preparándome para lo que vendría a continuación. Mis manos fueron directas a su culito redondo y lo apretaron mientras las suyas manoseaban descaradamente mis pechos. Paso a paso nos dirigimos al sofá a la vez que desabrochábamos blusas y sujetadores. Sus pechos estaban espectaculares y sus pezones tan duros como los míos, buscándose y jugando a hacernos suspirar.

noche con sandra 1Llegamos al sofá deshaciéndonos de los pantalones a trompicones, bajando las braguitas con desesperación y buscando con ansia entre las piernas. Sus dedos se movían con maestría y mis gemidos le indicaban que iba por el buen camino, igual que los míos a ella. Logré tumbarla y meter la cabeza entre sus muslos, embriagándome de su aroma y abriendo la boca todo lo que podía para comérmela entera. Estaba riquísima. Sabía tal y como la recordaba a pesar del tiempo y así, arrodillada en el suelo, lamí sus labios y su clítoris, empapándome de ella, disfrutándola. Levanté la mano hacia atrás, buscando a mi chico, pidiéndole, exigiéndole que se acercara, que se uniera, que me penetrara mientras saboreaba el chochito de Sandra. Sus pasos se acercaron y sus rodillas golpearon el suelo entre mis piernas, justo para sentir su glande duro entrar, mojándose de mi flujo, embistiéndome con fuerza mientras miraba como mi amiga se corría en mis labios al mismo tiempo que él me llevaba al orgasmo.

Paré para que mi chico la saboreara. Llevó sus dedos, grandes y fuertes, hasta su chochito y los metió lentamente, disfrutando la visión en primer plano para acompañarla después con su degustación. Suspiró cuando la saboreó y, tras ponerle yo el preservativo para que no perdiera tiempo, la penetró. La penetró con las manos sobre sus pechos, viendo como yo escalaba por su cuerpo y me colocaba sobre su boca, mojando más sus labios, ahogando sus gritos, provocando los míos, disfrutando los tres de la noche con Sandra.

noche con sandra 2

 

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