Después del yoga.

La tarde estaba espectacular, no había demasiado calor y el sol brillaba sin que ninguna nube se lo impidiera. Tania y yo salimos juntas de la clase como habíamos quedado, en dirección a mi casa. Su sonrisa pícara me encantaba y me hacía preguntarme cómo se sentía. Durante toda la clase me había estado mirando…