Después del yoga.

La tarde estaba espectacular, no había demasiado calor y el sol brillaba sin que ninguna nube se lo impidiera. Tania y yo salimos juntas de la clase como habíamos quedado, en dirección a mi casa. Su sonrisa pícara me encantaba y me hacía preguntarme cómo se sentía. Durante toda la clase me había estado mirando y haciéndome guiños, excitada, sin poder disimular las ganas. Sus pezones erectos se adivinaban bajo la camiseta y podía imaginarme el estado de sus braguitas. Caminamos deprisa sin hablar mucho, presas del deseo, empujadas por la pasión, llegando rápido hasta mi portal, sin dar tiempo a que el ascensor llegara y corriendo escaleras arriba.Abrí la puerta con destreza y entré indicándole a Tania que pasara. “Qué nervios…”, dijo de forma callada cerrando la puerta tras sus pasos. “Ah, ya estáis aquí, bueno…”, dijo mi chico nervioso, resoplando las palabras. Sonreí y me acerqué a besarlo, excitada por tener público. Él miraba a Tania de reojo mientras recibía mi lengua y mis labios lo rodeaban preso de la situación, sin saber muy bien donde poner las manos, intentando ocultar su erección.

despues del yoga 1

Lo fui llevando paso a paso hasta el sofá y beso a beso lo fui entusiasmando, de manera que ya sus manos iban de mi cintura a mi culito, apretándolo con fuerza sin disimular. Cuando sus piernas toparon con el sillón y mi leve empujón lo sentó, volvió a resoplar, pero sonriendo ahora por su dicha. “Ven”, le dije a Tania, que se acercó tímidamente, dándome la mano. Nos dimos unos picos sugerentes ante la mirada de mi chico, antes de ponernos de rodillas en el suelo. La erección era ya imposible de ocultar bajo el pantalón de pijama y, al bajárselo, salió como un resorte su pene. Tania aguantó la respiración cuando lo cogí y lo empecé a lamer, imitando mis movimientos y acercándose poco a poco, hasta que, justo al lado de mis labios, lo empezó a besar cogiendo mi relevo. Los tímidos besos se fueron transformando en besos con lengua, lametones y succiones con fuerza, como si no fuera la primera vez que lo hacía, disfrutándolo y saboreándolo a medida que se iba poniendo más duro bajo los gemidos de mi chico.

despues del yoga 2
Yo los miraba hipnotizada, cachonda, sintiendo mis braguitas empapadas al pasar la mano por encima del pantalón, acariciándome incontroladamente. Tania miraba a mi chico con lujuria, deseando que pasara, succionando el glande con fuerza cuando subía y lamiendo el tronco cuando bajaba. Su lengua se aceleró y sus labios la siguieron, provocando gemidos y gruñidos en la garganta de mi chico, a los que le siguieron deliciosos chorros de semen que aterrizaron en la boca, barbilla y cuello de Tania. Su cara de impresión, excitación y satisfacción y sus palabras, “Vaya, sorprendente…”, me mojaron más todavía…

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