Hora de compartir.

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Es de buena anfitriona compartir y, como me encanta recibir gente en casa, hacer que se sientan bienvenidos y disfrutar del ratito juntos, hice todo lo que estuvo en mi mano para lograrlo.

Desnudas como estábamos sobre la alfombra, besándonos con el cuerpo resentido del reciente orgasmo y acariciándonos con dulzura, nos percatamos de cómo mi chico se levantaba para sentarse a nuestro lado, empujando con fuerza la mesa de centro para hacer espacio. Me besó de forma apasionada pero suave, posando su mano en mi pierna, sin apurarme ni forzar la situación. Casi sin darme cuenta fui trepando sobre él, colocando las piernas a los lados, dejando mi chochito abierto sobre su pene, a su disposición. Como un imán que me atraía descontroladamente, mi cuerpo bajó sobre él, excitándome al rozar su glande mi clítoris y gimiendo al sentir la pequeña presión al entrar. Muy lentamente entró todo, duro y fuerte, pero con la suavidad de un beso cándido e inocente. El movimiento repetitivo y placentero que se inició atrajo a Tania, que se acercó a besarme, excitada por la puesta en escena. Los besos que me dedicó pronto se intercalaron con otros a mi chico, igual de excitantes, mientras sus manos intentaban saciar el hambre de placer de su chochito.
hora de compartir 1

 

Los dedos de Tania no daban abasto, cansados por la acción previa, y mi chico, muy caballeroso, le ofreció los suyos para dicho cometido. A la vez que yo lo cabalgaba, Tania lo seguía besando, dejándose llevar por el placer que le daba su ágil coreografía. Sus gemidos no tardaron en llegar, uniéndose a los míos junto al sonido de fondo de mi chochito succionando una y otra vez su pene, y sus dedos trabajando el sexo de Tania. Me ponía muchísimo verla, pensar que era el reflejo de otra sesión de sexo nuestra, casi una película erótica en directo. Y me ponía más ver como estaba a punto de correrse, de sucumbir a otro orgasmo más, de empapar los dedos de mi chico con su flujo, de perder el control de su cuerpo en su agonía…

 

hora de compartir 2

Mi chico me miraba con deseo después de haber hecho que Tania se corriera, dándome a probar su ácido jugo mientras ella sonreía satisfecha sobre la alfombra. Se empezó a mover él también, subiendo con fuerza las caderas, embistiéndome como tanto me gusta, haciendo que gritara de placer ante nuestra ahora espectadora, aguantando su orgasmo para darme el mío primero, derritiéndome de placer y estallando él.

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