Camino de casa de Brenda.

La tarde con Tania había sido fantástica, excitante y erótica como nunca, estimulante y llena de emoción como siempre. Viéndola disfrutar del paisaje en el coche, habladora y sonriente, sabía que no se arrepentía de la experiencia y que repetiría en más de una ocasión. El beso que le dió a mi chico al salir, dulce y sexy como ella, volvió a mojarme las braguitas.

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Tania no paró de hablar en todo el trayecto hasta la casa de Brenda. “Tiene un sabor peculiar, agrio pero atrayente, no agrio limón que te haga echarte para atrás, ¿me explico?”, dijo mirándome fijamente mientras conducía. “Perfectamente”, le respondí. “Me encantó sentir cómo se iba excitando, verlo tan de cerca, no sé…, diferente…”, meditó. Me encantaba que describiera el sabor de mi chico de esa manera, tan inocente y llena de sabiduría al mismo tiempo, como si estuviera dando una clase magistral en el asiento delantero de mi coche. “Me alegra que lo disfrutaras, yo disfruté mucho viéndote…”, dije sin darme cuenta de que mi tono de voz se había transformado en uno más seductor, suave y meloso, provocando un ligero cambio de tonalidad en los pómulos de Tania que resaltaron más sus rasgos y su atractivo. “A mi me gustó también lo que vino después…”, dijo tímidamente, en su estilo. Sonreímos las dos, mirándonos de reojo y cambiando rápidamente de tema para evitar que el viaje en coche se transformara en otra cosa.

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“¿Y tu hermana? Hace tiempo que no te pregunto por ella”, dije para enfriar un poco nuestras mentes. “Pués del accidente bien, hace tiempo que no hablo con ella, he estado liada con Brenda”, confesó. “¿Y qué tal con Brenda?, pregunté. “Muy bien”, dijo, “Increíble”, añadió. Se las veía súper enamoradas y compenetradas en todo, aunque llevaran poco tiempo saliendo. Casi vivían juntas y el nivel de complicidad era envidiable para muchas otras parejas. Como se hablaban, se tocaban y se besaban era algo que no me cansaba de observar y, cuando podía compartir momentos más íntimos, era toda una delicia. “Me alegro por las dos”, dije sinceramente justo antes de aparcar delante de su casa, ansiosa por verla a ella también y pasar otro ratito entre amigas.

 

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