Almuerzo en casa de Marta.

Marta no tardó en abrir el portero, como si estuviera a lado esperándonos. Mi chico empujó la pesada puerta de madera y cristal, dándome paso a mi y a la planta que llevábamos a modo de regalo. No me gusta comprar flores cortadas, me parece un desperdicio y me da pena que se mueran, a…