Marcha.

Las escaleras subiendo a casa de Marta después de no haber parado de bailar toda la noche, se me hicieron eternas. Brenda subía sin zapatos y Tania no paraba de reír mientras yo intentaba que no armaran escándalo a semejantes horas. Nos movíamos con lentitud, tarareando las canciones que habíamos bailado hasta casi caer rendidas…