Fuegos artificiales.

Puede que el colchón de Marta no fuera demasiado cómodo o que me levantara cansada por el trajín de la noche anterior, pero el dolor de cabeza y el malestar que sentía me hacían menos Valeria. Marta, como siempre un encanto, me despertó con besos, ofreciéndome un jugo de naranja y extrañándose de mi fatiga,…