Cafecito.

Marta esperaba ya en la cafetería que está enfrente de mi oficina cuando me tuve que parar en el semáforo del paso de peatones. Su gran sonrisa acompañó a un exagerado saludo a través del cristal, provocando en mí una respuesta casi igual de desorbitada, haciendo que los transeúntes me miraran extrañados. No se parecía…