Juernes.

Nos besamos hasta que ya no podíamos sentir los labios. El delicioso roce de su lengua contra la mía había provocado, desde el principio, que sus pantalones se hincharan y mis braguitas se empaparan conscientes del venidero baile. Nos dejamos llevar sin mirar los minutos, disfrutando cada segundo, mis manos en su nuca, las suyas…