Looks.

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El suave y relajante masaje en la cabeza, aromatizado por el mentolado champú, casi me deja dormida. Tenía que disimular con pequeños carraspeos los jadeos que mi cuerpo intentaba liberar, reprimiéndolos, controlando mi cara de placer, intentando que la peluquera no notara el fino hilo que separan relajación y excitación.

looks 1

A mi lado, Brenda lo llevaba con su característica elegancia y saber estar. Una pequeña sonrisa se dibujaba en su cara cuando las terminaciones nerviosas llegaban a ciertos puntos y sus cejas no dudaban en expresar su satisfacción. Mmm, la peluquería… Nada como dejarse querer un poco, darle un subidón a la autoestima entre brochas y tijeras, dar paso a una versión tuya propia un poquito mejorada, con una nueva imagen. A Brenda también le encanta, no como a Tania, cuyo estilo más bohemio no requiere semejantes arreglos, cuya trenza marca estilo en su día a día. Sonreímos al levantarnos y pasamos a la butaca de corte. Estaba contenta de ver a Brenda, encantada de compartir esa tarde de chicas con ella y, hablando reflajadas la una en el espejo de la otra, no dudé en el aprecio que le tenía. La bata que nos habían facilitado le sentaba de película. La tela, imitando seda negra, se deslizaba con sofisticación por su cuerpo, como si se la hubieran hecho a medida, resbalando sobre cada curva y pegándose como una segunda piel. Sus piernas, cruzadas hacia un lado, adivinaban sus zapatos de tacón, sus incansables compañeros, su elección ideal.

looks 2

Las tijeras se deshicieron de nuestro viejo yo, dejando que nos viéramos radiantes, como nuevas, ayudando a mis rizos a coger una juvenil forma, facilitando su bucle y su efecto y redibujando en la butaca de al lado, el estilo de Brenda. Iguales pero diferentes, sin mucho cambio, pero cambiando lo suficiente, señalando nuestros puntos fuertes, reivindicando nuestra condición de mujeres de armas tomar, instaurando un aura de sensualidad imposible de disipar. Nos dedicamos miradas lujuriosas que las peluqueras no entendieron y admiramos los looks, deseando agarrar ese pelo recién cortado con fuerza y jugar con él entre nuestros dedos mientras su dueña se ocupaba de otros menesteres, estrenando el corte, disfrutándolo al máximo, enredándonos en la pasión.

 

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