Riquísima…

Caí rendida en el sofá al lado de Marta, enredada entre sus piernas, jadeando el placer producido por su lengua y saboreando su aroma en mi lengua. Sonreímos medio abrazadas compartiendo un último beso, jugando con las lenguas sin mucho son, cansadas por el esfuerzo hecho, apretando los sudorosos pechos la una contra la otra….