De remojo.

La seguimos en el acto, nuestros cuerpos desnudos avanzando, por el césped nuestros pies descalzos y atravesando las baldosas, siguiendo su rastro. Nos miramos de reojo, ante la cabeza mojada que sonriente emergía del agua animándonos, suplicando que nos sumergiéramos y nos mojáramos, esperando impaciente a ver quién daba el primer paso. Marta gritó y…