Cenando.

Bien entrada la noche nos fuimos al cuarto, a meternos en el sobre, a planchar la oreja, a abrazarnos otro rato. El besito de buenas noches dio pie a un segundo y un tercero, nuestras manos juntas buscando juegos. Poco a poco los besos más intensos propiciaron lenguas y roces más densos. Ya no había…