En sus labios.

Me besó las rodillas como si de una contraseña en clave se tratara, con la certeza de que era capaz de abrir la deseada compuerta, de que su irresistible mirada y sus deseados labios podrían con mi escasa valentía por hacerme la fuerte, sonriendo al ver como se separaban. “Mmm, que rico…”, susurró descendiendo por…