Consecuencias.

“¡Au!”, me quejé en el momento en que mi chico separó mis labios y posó su dedo índice sobre mi clítoris. “Perdona…”, dijo mi chico extrañado. “No pasa nada…, sigue…”, añadí adivinando lo que pasaba. “¡Au!”, volví a gritar al tacto de sus dedos, huyendo de su mano y cerrando las piernas tras de mí….