Masaje.

“Uy qué cara…”, dijo Tania sonriendo al verme salir de la clase de aerobic resoplando agotada. No pude más que asentir, intentando coger aliento dentro de mi piel acalorada, en ebullición. “Me duele todo…”, atiné a contarle como alma en pena. “¿Has estirado?”, preguntó, “Te haría falta un masaje…”, añadió mientras empezábamos a caminar. “Vamos…