El fuego de Morfeo.

El vaporoso vestido blanco se movía al son de mis pasos hundidos en la caliente arena negra que, por algún motivo, no me quemaba. No había nadie en la playa y mis pasos avanzaban con lentitud mientras una ligera brisa jugaba con mis rizos, libres y sueltos cayendo sobre mi espalda. Me sentía libre y…