Llegando al cielo.

Su boca bajó por mi cuello y se perdió en hueco que deja el hueso de la clavícula, recorriéndolo con suavidad, subiéndome el pulso hasta que una carcajada salió con fuerza de mi garganta, obligando a que se separara para reírse también, antes de empezar de nuevo. Busqué sus labios y me hundí en ellos,…