Bronca.

De pie desde hacía más de una hora en la sala de juntas, rodeada de las miradas de desprecio de mis jefes y sus clientes, no pude evitar la mezcla de rabia, indignación y frustración, mientras intentaba que no me cayeran demasiadas lágrimas. La pérdida de unos documentos había provocado que la oficina estuviera patas…