A por Tania.

Perdí mis dedos al acariciar su melena negra, aireando el dulce olor a melocotón que su pelo guardaba, impregnándome de él al acercarme a su espalda para besar su cuello. Se arqueó gimiendo al roce de mis labios mientras mis manos aguantaban sus caderas para que Brenda incrustara su boca entre ellas, observando el placer…