Tarde y a oscuras.

Llegué tarde, muy tarde, a una casa oscura y silenciosa. Me descalcé nada más entrar, desde que vi las llaves de mi chico sobre la consola, tranquila por el hecho de que había llegado bien y triste por no haberlo visto antes de que se acostara, cansado tras la semana de trabajo. Mi tobillo izquierdo…