Hinchada y revuelta.

Como si no hubiera pasado el tiempo, como si nunca se hubiera ido a vivir fuera, Sandra me abrazó a su llegada al aeropuerto y con la cara hinchada y el pelo revuelto de haber dormido en el avión nos sonrió, dejando que mi chico le llevara la maleta mientras nosotras caminábamos cogidas del brazo…