Un mundo ideal.

“¿Qué tal tu día?”, pregunté sentándome al borde de la cama mientras terminaba de darme crema de forma enérgica en brazos y piernas, disfrutando el afrutado olor que se desprendía al calor de la fricción de mis manos. “Bien, tranquilo, terminando los baños”, respondió mi chico enfrascado en una lectura de última hora en el…