Deseo prohibido.

“¡Qué simpáticas todas! Ahora entiendo lo bien que hablas siempre de ellas”, empezó a comentar Sandra ya en el coche, mientras yo intentaba no encogerme demasiado ante mi tierna barriguita. “Bueno, así sabes que puedes venir cuando quieras”, le respondió mi chico a la vez que acariciaba mi rodilla dándome consuelo. “Claro que sí, ya…