Sorpresa…

La autopista se extendía interminable ante nuestros ojos, subiendo y bajando, con amplias curvas bajo el incesante sol. La música de fondo acompañó las tertulias que a veces interrumpíamos para entonar estribillos conocidos a pleno pulmón, dejando que apurados conductores nos adelantaran en la concurrida tarde entre semana. “Qué bien que tu chico haya acabado…