Intenso.

Entramos en la habitación dejando caer las toallas mojadas en el suelo, impacientes, buscándonos. Mi chico cerró la puerta sin dejar de mirarme mientras yo me mordía el labio al ver su excitación, antes controlada, creciendo de nuevo. Jugué con el lazo que llevaba a media espalda, tirando con ambas manos para deshacerlo y tensar…