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“Nos mudamos al sur”, le dije a Marta de repente, esperando una mirada de tristeza, de preocupación, algo que calmara mis nervios y me obligara a hacerme la fuerte. “Ahh, ¡qué bien!”, respondió entusiasmada, dando pequeños brinquitos en el sillón mientras aplaudía con toques suaves y ligeros. “¿No estás contenta?” “Sí…, pero nerviosa…”, añadí entrelazando…