Qué cosas…

Pizpireta y animada me encaminé calle abajo, ignorante de los caprichos del destino, de las casualidades de la vida y de que el mundo es un pañuelo de un centímetro cuadrado cuando se habla de una islita. Los botines hacían eco en la calle y la calima, ya casi desaparecida, daba paso a una brisa…