Despedida.

“Agh…”, suspiré con descontento en alto al entrar en el dormitorio y recordar que no había revisado las mesas de noche, avanzando con desgana hacia ellas mientras podía ver como en los tiradores de las gavetas se formaba una sonrisa maliciosa. Abrí la de mi chico, encontrando además de su ropa interior, un despertador que…