Hora de restregar.

“Vaya, estamos a lunares…”, dije mirando los brazos de Marta y los míos, luciendo vistosos brochazos a juego con paredes y techo. “A lo mejor nos mimetizamos”, respondió ella quedándose muy quieta frente a la pared como si estuviera en un videoclip ochentero, provocando mis carcajadas. “Vamos a la ducha”, dije sin maldad, cogiendo su…