Añorada soledad.

A pesar de estar en febrero, la arena quemaba bajo la toalla y el delicioso calorcito en el vientre me daba sueño, cubierta por el agradable picazón del sol de invierno. Me sentía genial, arrullada por el sonido de alguna ola, la pelea de alguna gaviota con otra y la soledad justa para poner en…