Sorpresa.

“¿Y esto…?”, pregunté al abrir la puerta y ver a mi chico encendiendo una vela sobre una mesa perfectamente puesta con mantel y copas. Cerré extrañada, adivinando el olor a pizza que venía del horno mientras que encima de la basura descansaban las dos correspondientes cajas. “No es por San Valentín, que conste”, se excusó….