Amigas pícaras.

Los nervios de la espera compensaban con creces la felicidad que sentí al verlas llegar en el mismo coche, tocando la pita, anunciando su llegada con mis gritos mientras me abanaban por la ventanilla. No pude contener mis saltitos típicos de emoción mientras me sentía brillar de felicidad, y no solo por estar al sol….