De amanecida.

“¡Estoy muerta!” “Uff…, calla, calla…” “Odio que me hayan maquillado”, se quejó mi chico, cuyo maquillaje se había convertido en un amasijo de colores y sudor, al rascarse sin parar durante toda la noche. Las quejas entrando en casa de Brenda continuaron, dejando constancia de que nos dolían los pies, la espalda, los riñones y…