Sola.

El olor a café me sacó del sueño como a un Lázaro enterrado bajo un revoltillo de edredón y sábanas, incapaz de abrir los ojos por la claridad del mediodía, carraspeando la garganta pesada y sintiendo la boca pastosa. Pestañeé con dificultad hasta empezar a ver una silueta que me miraba atente. Y allí, sentado…