Bajón.

Venga… Vamos… Espabilen… Parecía decir mi chico con cara de aburrimiento sentado en el sillón, móvil en mano, dando tiempo a que la brocha del colorete se deslizara con delicadeza sobre uno u otro pómulo, echando un vistazo de vez en cuando para ver si la sombra de ojos había dado paso al rimmel o…

Con el deseo a cuestas.

Casi no cabíamos en el baño. Las cinco, apretadas, fuimos desnudándonos intentando no darnos codazos, rozando las pieles todavía pegajosas por la sal, pero manteniendo la compostura de una ducha entre amigas. Al quitarme el vestido, mi cadera acarició la de Marta, mientras mis ojos se posaban en el tatuaje de Sandra. Al desnudarse, la…

Amigas pícaras.

Los nervios de la espera compensaban con creces la felicidad que sentí al verlas llegar en el mismo coche, tocando la pita, anunciando su llegada con mis gritos mientras me abanaban por la ventanilla. No pude contener mis saltitos típicos de emoción mientras me sentía brillar de felicidad, y no solo por estar al sol….

Fantasma.

Todo parecía ir cogiendo forma, de forma organizada, dentro del armario. No había nada que me quitara la sonrisa de satisfacción de ver las cajitas bien colocadas y el cuarto libre. “Una cosa menos…”, me dije sacudiéndome las manos, cerrando la ventana y saliendo del cuarto. ¡¡¡PLAS!!! El portazo que dio la puerta tras de…

Vecinos.

El cuarto extra pareció reírse de mí cuando abrí la puerta con intención de ordenarlo para la reunión del fin de semana, lleno de cajas y todo lo que no sabíamos dónde meter, con pinta más de trastero que de otra cosa. Avancé sorteando cosas, abriendo la ventana para que me diera el aire, echándome…

Bermellón.

Sentada en el sillón, con los pies sobre la mesita de centro, como hacía siempre, empecé a hacer una pequeña coreografía con ellos, moviéndolos en ondas, apoyando una parte y luego otra, mientras la tele hablaba sola y mi mirada seguía fija sobre las uñas recién pintadas. “Podríamos invitar a las chicas este fin de…