Palabrejas y juegos de pareja.

“Uff…, me enfondaste…”, dije a modo de queja, levantándome del sillón con una mano apretando mi chochito, que latía escocido por el trajín previo. “Qué va…”, dijo mi chico. “Reventada…”, añadí de forma dramática. “Dichos canarios por Valeria”, bromeó mi chico riendo, envolviendo su miembro menguante en un pañuelo de papel para evitar desastres. Me…

Tiempo con él.

“Toma, justo como te gusta…”, dijo acercando la taza caliente con aromas especiados y dulzones. La sonrisa se apoderó de mi cara mientras cogía la taza resoplando, sin poder evitar la ligera quemazón en los dedos. Brebaje perfecto, mi favorito, tableta de chocolate y mi chico a mi lado, me sentí feliz. Feliz de quererlo…

Mastúrbame…

La boca se me hizo agua de pensar en sus dedos acariciar mi clítoris y me noté empapada ante la idea de ordenárselo, encaminándome a ratos tímida, a ratos confiada, buscando el calor de sus huellas dactilares. Lo observé a escondidas, imaginando sus falanges emborracharse de mis jugos, utilizarlos de lubricante al rozar mi piel,…

Me encanta follar.

De principio a fin. Desde que nuestras miradas destellan chispas de deseo hasta que caemos exhaustos de placer, sudorosos y hasta malolientes, me encanta hacerlo. Cuando noto sus manos agarrar con fuerza mis nalgas mientras yo boto sin descanso sobre su entrepierna, mirando con lujuria cómo sus labios buscan mis pezones para apropiárselos, para jugar…

Adiós al romanticismo.

“Corre que se enfría…” “Todavía tengo jabón en el pelo” “Pues date prisa…” “Uff…, dónde quedó el romanticismo…” “En el tamaño del termo…” “Coge el gel…” “Pásame la esponja”. “No creo que de tiempo…” “Ay qué fría…” “Última ducha conjunta…” “Qué triste…” Salimos apresurados, justo antes de que el agua se helara sin remedio, él…

Sonidos.

“¡Más fuerte…!” El silencio y la sensibilidad previa quedaron ensombrecidas por los gemidos y afirmaciones que salían de nuestros labios, nuestros sucios y lascivos labios. “Ohh…” Los gemidos a media luz parecían encandilar nuestras miradas, que se volvían buscando la expresión del rostro en concordancia, gestos que podrían clasificarse como dolorosos, pero que estaban envueltos…